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Por el derecho a equivocarse

2020-01-14 01:11:22 UTC

Por el derecho a equivocarse

Hace algún tiempo una muy buena amiga, madre de un caminante y educadora de párvulos, me comentaba que los niños primero aprenden a destruir para luego construir. Y no fue hasta hace un par de minutos que recordé que durante mis años de estudio de arquitectura, en los momentos en que, por error y debido a mi inexperiencia con los materiales a escala 1:1, destruyendo fue cuando más aprendí de cómo se construye y lleva a la realidad un proyecto.Recuerdo cuando ingenuamente, junto a 2 compañeros de escuela, quisimos desmontar en la Ciudad Abierta cursando Taller de Obra en la PUCV, un pilar de madera de 6 metros de altura y 50 x 50 cm de base de la Hospedería Colgante o del taller de obras, con una cuerda atada en su extremo más alto y nosotros 3 desde el suelo sosteniéndola y bajándolo poco a poco. Afortunadamente la cuerda se cortó y el pilar cayó abruptamente partiéndose por la mitad sin dañar a nadie. El momento en que le contamos a nuestro profesor lo que había pasado,  la expresión de su rostro se transformó sin saber que decir ante tal acto de irresponsabilidad y peligrosidad, lo que en su minuto pensé que era enojo por haber roto el pilar, quedó de manifiesto cuando se mantuvo supervisando de cerca nuestras ideas de como materializar esta labor, eramos unos simples alumnos, experimentando en el peligroso mundo real.Recuerdo también mi visita a la Iglesia de Dalcahue, la cual tiene, o tenía hasta ese momento, la sacristía desnuda, sin el revestimiento interior de sus muros, por lo que se podía apreciar la fineza de los detalles constructivos chilotes, como se sostienen los grandes volúmenes evocando las formas europeas, que responden a la piedra y a la fuerza de gravedad, con la madera, cuya ley responde a una lógica constructiva absolutamente diferente, en ese momento entendí la magia de las Iglesias chilotas y que su condición de patrimonio, por si alguien tenía alguna duda, no es ningún regalo.Si es así como aprendemos de adultos, me parece lógico pensar que es de esa forma como aprendemos desde que somos de talla pequeña, por lo que me parece lógico también que los bebes y niños tengan derecho a equivocarse, a romper un vaso de vidrio, a botar agua sobre el piso, a mojarse las mangas cuando se lavan las manos, a mancharse la ropa con tempera o barro y es por supuesto nuestro deber el proporcionarles el espacio para hacerlo.No es difícil guardar por algún tiempo ese jarrón de la milenaria cultura china expuesto en el living, o ese plato de Penco que te recuerda a la abuelita para cuidar algún objeto que tenga un valor especial y darles la libertad de conocer y reconocer como mover su cuerpo, como funciona la fuerza de gravedad, que cada material suena diferente y tiene también una fragilidad, dureza o plasticidad propia, que hay elementos sólidos, líquidos y gaseosos.Quiero aclarar que con esto no me refiero a criar niños sin límites, que rompan todo lo que se les cruza por delante, me parece fundamental relevar el respeto y cuidado por todos los seres vivos y las cosas, tengan el valor que tengan, sean propias o ajenas, pero en la práctica aprender que el vidrio es frágil solo se aprende al romperlo, que el agua escurre solo se aprende cuando se ha derramado y la extensión de mi cuerpo la aprendo cabiendo en una caja, bajo la mesa, estirándome para alcanzar cosas y también chocando con ellas. 
Y finalmente de alguna parte viene el dicho “echando a perder se aprende”

Post original miércoles, 4 de noviembre de 2015